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Pocho era un muchacho de 35 años que vivía en el barrio Ludueña de Rosario, Argentina, sirviendo a la gente como integrante de la comunidad salesiana. Pocho trabajaba en una escuelita de bajos recursos de Rosario, colaborando con un comedor infantil. Su característica era que se movilizaba en su bicicleta y que siempre estaba dispuesto a ayudar a su prójimo.
Claudio ―Pocho para todos sus amigos― era "un pacífico, comprometido con el barrio; el sueldo que sacaba en la escuela lo ponía a disponibilidad de la gente de la villa que lo necesitaba", cuenta, con marcada tristeza, el padre Néstor Gastaldi.
"El ángel de la bicicleta, le decíamos, porque andaba en su bicicleta, estaba enterándose y buscando la ayuda para cada familia", recuerda el padre Gastaldi.
Pocho estaba siempre allí. Pocho vivía allí, y en el barrio coordinaba talleres para niños, daba clases y también trabajaba con el grupo de jóvenes "La Vagancia".
En diciembre del 2001, en medio de la situación sociopolítica que vivía la Argentina (que culminó con la caída del presidente De la Rúa), fue asesinado de un balazo en la garganta, mientras le pedía a la policía que no disparase contra el comedor donde él colaboraba, ya que adentro había chicos comiendo.
Después de aquel asesinato, por las calles de Rosario se ven las pintadas con una bicicleta alada, recordando a “Pocho”.
El cantautor argentino Leon Gieco ha compuesto una canción como homenaje a Claudio Lepratti, el "ángel de la bicicleta":
"El tema está dedicado a Pocho Lepratti, un militante social que conseguía comidas para varios comedores del barrio Ludueña, el más pobre y populoso de Rosario. Lo mataron durante los hechos del 20 de diciembre, que terminaron con el gobierno de De la Rúa. Yo no conocía su historia, pero cuando voy a tocar a Rosario veo en las paredes unas bicicletas con alas, y me dicen que esos dibujos son por Pocho Lepratti, que andaba siempre en bicicleta".
Cambiamos ojos por cielo
Sus palabras tan dulces, tan claras
Cambiamos por truenos
Sacamos cuerpo, pusimos alas
Y ahora vemos una bicicleta alada, que viaja
Por las esquinas del barrio, por calles
Por las paredes de baño y cárceles
Bajen las armas!! Que aquí solo hay pibes comiendo.
Cambiamos fe por lágrimas
Con qué libro se educó esta bestia
Con saña y sin alma
Dejamos ir a un ángel
Y nos queda esta mierda
Que nos mata sin importarle de donde venimos
Que hacemos, qué pensamos
Si somos obreros, curas o médicos
Bajen las armas!! Que aquí solo hay pibes comiendo.
Cambiamos buenas por malas
Y al ángel de la bicicleta lo hicimos de lata
Felicidad por llanto
Ni la vida ni la muerte se rinden
Con cunas y cruces
Voy a cubrir tu lucha más que con flores
Voy a cuidar tu bondad más que con plegarias
Bajen las armas! Que aquí solo hay pibes comiendo.
Cambiamos ojos por cielo
Sus palabras tan dulces, tan claras
Cambiamos por truenos
Sacamos cuerpo, pusimos alas
Y ahora vemos una bicicleta alada, que viaja
Por las esquinas del barrio, por calles
Por las paredes de baño, y cárceles
Bajen las armas!! Que aquí solo hay pibes comiendo
Un saludo afectuoso a todas aquellas personas que hacen de la bicicleta, con su uso y disfrute, una apuesta de belleza. El pedaleo escribe sobre negro asfalto o camino polvoriento
y ausente, el rastro pausado del ciclista cuya sola presencia atesora la paz silente del engranaje y la serenidad constante del caminante. Sigamos haciendo relatos.