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En la web literaria www.yoescribo.com a la que llevo años suscrito he encontrado este cuentecito de un jubilado que escribe poesías y relatos a su nieta...
El verano es la mejor época para leer, ¿verdad? Leedlo, leedlo...
LA BICICLETA
Dedicado en toda su extensión a Mateo, abuelo paterno de mi nieta Alba, y en especial a ella misma; que en la más pura realidad de sus actos, hicieron posible que esta narración naciera en mi fantasía.
Hay en un bonito pueblo llamado Macael, un hombre muy bondadoso, que tenia una hermosa nieta. A la que no le negaba nada de lo que esta le pedía, asi que un buen día la niña le pidió: una bicicleta, pues a pesar de sus pocos años esta sabia de la bondad de su abuelo, por lo que este le daría todo lo que le pidiese.
Y al despertar de un día de primavera, la niña se encontró con una bicicleta al lado de su cama: con su manillar cromado, sus dos manetas para los frenos, que le parecieron dos divertidas orejas, y un gracioso faro que en su fantasía, le pareció que era un ojo simpático y brillante. Y el esbelto cuadro, todo pintado de azul, como las olas del mar. El tambien cromado de sus llantas armonizaba con el movimiento de las ruedas, pareciendo retener en su interior, toda la gracia y armonía de los cisnes.
Llena de alegría salto de la cama, y corrió con su bicicleta al patio de la casa, y en su loca alegría, propia de los niños, no advirtió que no sabia montar en aquella maquina de andar con prisa. Y sucedió lo inevitable, porque cuando montó en la bicicleta, antes de darse cuenta del error que había cometido, cayó al suelo, con tan mala suerte, que lo hizo sobre una jardinera llena de rosales y geranios.
Imaginemos a la niña con su pijama desgarrado y toda llena de arañazos por las espinas del rosal. Y cuando por fin, pudo salir de aquel involuntario abrazo que las flores le dieron; se quedó mirando a la bicicleta, que se encontraba tumbada junto a la jardinera, con el manillar retorcido, y la rueda delantera mirando al cielo. Y la niña entre sollozos, en un gesto de tristeza, con los ojos, empañados por el llanto, con la voz entrecortada entre suspiros le dijo: !Eres mala, te crees muy graciosa¡ me has tirado en cima de las plantas para hacerme daño: ¡Ya no te quiero! Y dando media vuelta se metió en la casa, no queriendo saber más de la bicicleta. Su abuelo la recogió y la guardó en el trastero de la casa sin tomar partido por la decisión de la niña; pero despues de pasado mucho tiempo, el azar hizo que aquel hombre entrara en aquel cuarto, llamando su atención que la bicicleta estaba oxidada, con las ruedas desinfladas, y el faro que antes fuera tan llamativo y arrogante, inclinado y deslucido, como si quisiera demostrar; toda la tristeza de una pena.
Y aquel hombre bondadoso, que de penas y tristezas sabia mucho, recordando la caída de su nieta; y como queriendo disculparla por su actitud de aquel día, posando una mano en el sillín de la bicicleta se dirigió a ella diciendo: pobre máquina, la niña le echó la culpa de su caída dejándola abandonada, condenada a la vejez en plena juventud, y mirando en el fondo de su alma yo diría, que lo que refleja en su mal estado, es la pena de ser inútil cuando se puede ser útil; de no hacer nada cuando se puede hacer algo.
Y tan metido estaba el hombre en sus pensamientos que le pareció escuchar una suave voz que venia de la bicicleta.
Si que tengo alma, me construyeron para cumplir con el gratificante trabajo de hacer felices a los niños sirviéndoles de pasatiempo a la vez que mejorar su fuerza, pues con nuestro uso se practica el mejor y más completo ejercicio físico que se puede realizar; pero heme aquí llena de polvo y telarañas, abandonada y enmohecida, no solo de mi cuerpo sino tambien de mis sentimientos, y todo por capricho de tu nieta, pues yo no tengo la culpa de que ella no supiera montarme.
Y el bueno de Mateo, que asi se llamaba el hombre; entre el susto que se llevó al oír hablar a la bicicleta, y las razones que esta le dio tan cargadas de tristeza, sin darse cuenta que aquella voz que oyó, no podía venir de la maquina, sino que era la lógica respuesta a sus pensamientos, le respondió en tono cariñoso: tienes razón, eres demasiado bonita para estar en este cuarto consumiendo tu vida y tu esperanza. Ahora mismo te limpio y te engraso; y te saco a la calle, y voy a obligar a mi nieta a que te pida perdón, y me encargaré de enseñarla a montarte y cuando ya sepa verás qué felices vamos a ser los tres, porque cuando tú y mi nieta vayáis paseando por las calles del pueblo, serás la envidia y admiración de los demás, y mi nieta se sentirá orgullosa de ser la dueña, de la más hermosa, la más veloz y la más brillante de todas las bicicletas. Y yo me sentiré el abuelo más feliz del mundo, de veros a las dos felices y contentas.
Mientras esto pensaba para sus adentros; se afanaba en limpiar la bicicleta para ponerla en funcionamiento lo antes posible.
Y cuenta el buen hombre a sus compañeros de tertulia, todo lleno de orgullo, que una vez limpia y engrasada la bicicleta, relucía como un espejo, como si dentro de ella hubiese un rayo de alegría.
Y aún hoy, cuando las gentes del pueblo recuerdan a la niña paseando por sus calles, comentan, que cuando ella pasaba por su lado, no podían de dejar de mirarla, pues era tan armonioso el rodar de aquella bicicleta, que parecía tener una vida propia.
Moraleja: Sed bondadosos y cuidad las cosas, mis queridos niños, pues en ese cuidado encontrareis en vuestro mañana, la perfección que os enseña el buen hacer de hoy.
F I N
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